Comer más sano podría empezar con algo tan simple como salir a caminar por un parque. Un nuevo estudio de la Universidad Anglia Ruskin, en el Reino Unido, encontró que las personas que pasan más tiempo en contacto con la naturaleza tienden a alimentarse de forma más intuitiva, es decir, escuchando lo que realmente necesita su cuerpo.
La investigación fue publicada en la revista científica Body Image y, según sus autores, es la primera evidencia de que el contacto con la naturaleza puede influir en los hábitos alimentarios.
Qué analizó el estudio
El trabajo, liderado por Viren Swami, profesor de Psicología Social de la Universidad Anglia Ruskin, contó con la participación de 500 adultos británicos. Los investigadores midieron cuánto contacto tenía cada persona con la naturaleza: cuánto la notaba en su vida cotidiana, con qué frecuencia visitaba espacios verdes y cuánto tiempo pasaba en ellos.
Además, los participantes completaron cuestionarios sobre imagen corporal, autocompasión, conexión con la naturaleza y alimentación intuitiva. Con esos datos, el equipo buscó relaciones entre el tiempo al aire libre y la manera de comer.

Qué es la alimentación intuitiva
La alimentación intuitiva es un enfoque que se aleja de las dietas estrictas. En lugar de seguir reglas rígidas sobre qué, cuánto o cuándo comer, propone prestar atención a las señales internas del cuerpo, como el hambre y la saciedad. Para muchos especialistas es una forma de comer más sano a largo plazo y de tener una relación más tranquila con la comida.
Este enfoque no prohíbe alimentos ni cuenta calorías. Busca que cada persona reconozca cuándo tiene hambre de verdad, cuándo ya está satisfecha y qué alimentos le hacen bien. Por eso suele asociarse con menos culpa al comer y con elecciones más equilibradas en el día a día.
Por qué la naturaleza ayudaría a comer más sano
El estudio encontró una relación positiva directa entre el contacto con la naturaleza y la alimentación intuitiva. Pero los investigadores señalan que los caminos indirectos resultaron todavía más importantes. Identificaron dos:
- Mayor aprecio por el propio cuerpo. Pasar tiempo en entornos naturales ayudaría a las personas a sentirse más cómodas con su cuerpo, a valorar lo que puede hacer y a responder mejor a sus necesidades.
- Más autocompasión. La naturaleza favorece una actitud más amable con uno mismo, que funciona como amortiguador frente a la tendencia a comer de forma impulsiva ante emociones o pensamientos difíciles.
Con esa combinación, resulta más fácil seguir las señales del cuerpo y elegir alimentos que respondan mejor a lo que realmente necesita.
Una buena noticia para la salud pública
Swami recordó que ya se sabía que el contacto con entornos naturales reduce la ansiedad y la depresión y mejora el bienestar general, incluida la satisfacción con la vida. Este trabajo suma un beneficio más: ayudar a las personas a comer más sano sin necesidad de dietas restrictivas.
Según el investigador, los resultados pueden ser útiles para quienes trabajan en salud pública: facilitar el acceso a parques, plazas y espacios verdes, y promover que la gente los use, podría apoyar hábitos alimentarios más saludables y sostenibles.
Los propios autores reconocen límites: el estudio se basa en datos que informaron los propios participantes y hacen falta nuevas investigaciones en otros países para confirmar los resultados. Aun así, la conclusión invita a algo sencillo y al alcance de casi todos.
Una invitación a salir al aire libre
Una caminata por la rambla, un rato en la plaza del barrio o una tarde en el campo pueden hacer más por nuestro bienestar de lo que imaginamos. Y, según esta investigación, quizás también por la forma en que comemos. Si te gustan las historias de naturaleza, mirá también el hallazgo de un tesorito en las sierras de Minas.
No hace falta irse lejos: alcanza con incorporar pequeños momentos verdes a la rutina, como almorzar en un parque, caminar entre árboles o cuidar plantas en casa. Son hábitos simples, gratuitos y al alcance de casi todos, que suman bienestar al cuerpo y a la mente.
El estudio completo puede consultarse en la revista Body Image.
